¿Me quiere decir que todos mis problemas se remiten a que sufro un trastorno obsesivo compulsivo (TOC)? 

Los ojos del galeno me miraron sin parpadear, sus pupilas estaban dilatadas (Los buenos doctores tienen esa mirada). Por supuesto, agregó. 

Pero Doctor, debe estar en un error, ¿cómo no voy a saber que tengo ese problema? 

Me miró una vez más con sus ojos profundos, que mostraban un abismo parecido a un black hole en cada pupila. Hagamos una prueba sencilla, me dijo: ¿cCuántas veces al día se lava las manos? (lo pillé pensée, mi respuesta descartará el diagnóstico)

Unas 25 veces como todo el mundo, respondí triunfante.

El doctor sonrió y me dijo: ¡Nadie en su sano juicio se lava las manos tantas veces al día! Esto es un síntoma de su enfermedad.

Lo de “su sano juicio” sería entonces, solo metafórico, pensé.

El doctor captó mi inquietud y como es lógico trató en seguida de tranquilizarme. 

Todos los grandes artistas y buena parte de los científicos presentan en algún grado esta tendencia (evitó decir enfermedad). ¡Cómo cree que llegan a grandes logros! Piénselo, ellos son capaces de insistir en descubrir una nueva teoría o en conseguir una obra maestra. Sin una gran dosis de obsesión no se consigue nada notable, aseveró.

Entonces no es una enfermedad, exclamé complacido.

Los grandes realizadores a menudo tienen algo de locura, pero se los llama excéntricos.

Vaya, vaya, de loco a excéntrico en un solo paso, cCreo que voy mejorando…Pero, si bien me gusta la ciencia y el arte, estoy muy lejos de ser un científico o artista.

A qué se dedica ustedUd., me preguntó. Soy ingeniero y desarrollo proyectos de innovación.

¿Y cómo le ha ido en esta actividad? Bastante bien, pero a veces me agobia un poco. Mis proyectos tardan hasta 3 años en salir con nuevos productos y servicios al mercado. Debo ser muy perseverante para resolver los problemas y mantener el rumbo hasta alcanzar el éxito. A veces paso día y noche resolviendo un problema aparentemente imposible, pero al final casi siempre lo consigo. Las ideas se me agolpan en la cabeza, hasta llegar a soñar con el problema. Cuando me ducho, conduzco, almuerzo, me acuesto, siempre estoy pensando en la innovación en curso. ¡es una obsesión!

Dicho esto, el doctor sonrió benevolente. Vea ustedUd. como son las cosas, es posible que su éxito se deba en gran medida a su trastorno obsesivo compulsivo.

Quedé en silencio. Tenía toda la razón, hacía falta estar enfermo para dedicarse a la innovación.

Entonces ¿Si me mejoro, ya no podré innovar?

Tranquilo, pierda cuidado, podremos hacer que esto no se vuelva crítico o riesgoso para usted, pero nunca Ud.dejará totalmente de ser obsesivo. A nosotros nos basta que deje la compulsión.

Explíqueme eso, dije con impaciencia.

La compulsión es un impulso irrefrenable, le voy a dar un ejemplo, páseme esa carpeta amarilla que está en el mueble detrás de usted.Ud.

Caí fácilmente en la trampa, tomé la carpeta y quedé inmediatamente con las manos sucias. La carpeta llevaba meses en ese sitio tomando el polvo que se filtraba por la ventana de la consulta.

¿Quiere lavarse las manos?

No es necesario, dije para no reconocer que había dado en el clavo. Sentía una gran necesidad de lavarme las manos. ¡Una gran necesidad de lavarme las manos!

Eso es una compulsión, Ud. tiene que hacer esfuerzos en controlarse y no correr al baño.

Acepto el punto dije. Me lavo las manos y seguimos conversando…

Conseguido mi objetivo me senté calmado. ¿Habría apagado las luces? Permiso… me paré y fui a ver. Cuando volví, aún tenía dudas.

Bien, acepto que soy así. ¿Cómo me mejoro?

El dDoctor me dijo tranquilamente que era una enfermedad relativamente benigna, que existían medicamentos muy efectivos e incluso se podría lograr una completa curación.

Han pasado los años y ya no sufro de la parte compulsiva. Mis dedos ya no se agrietan por la resequedad del jabón usado en exceso.

¿Me habré mejorado?

Felizmente no del todo. Con el tiempo se me han acentuado otros rasgos. Cada día me gusta más innovar, cada día espero tener más desafíos, más problemas que vale la pena resolver, porque si lo consigo de seguro trae una innovación a este mundo. 

Cada día me obsesiono más con que la innovación se transforme en una tarea de todo el país. La riqueza que no se agota, se crea con la Innovación. Las riquezas naturales, de las que tanto gozamos como país, aunque no lo creamos, sí terminarán por agotarse.

Bienvenida la obsesión por la innovación

¡Espero sea contagiosa!

Si usted Ud.lee este cuento, ¡Cuidado, se puede estar transformando en un innovador obsesivo!